Desde las zonas altas de Cartago, Zarcero y Santa Ana, suelos ricos y días de sol brillante dan lugar a cebollas amarillas con sabor profundo y aroma definido, cultivadas sin pesticidas y con prácticas orgánicas.
El tamaño puede variar a lo largo del año, como ocurre con los cultivos reales y de temporada. No buscan uniformidad extrema ni cumplir con estándares de supermercado, sino ofrecer salud y sabor auténtico.